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jueves, 1 de junio de 2017

Ansiedad

A ti que me aprietas.
A ti que me alejas.
A ti que controlas.
A ti que lamentas.
Por las noches de insomnio y los latidos acelerados.
Por las fantasías y las mentiras.
Por los silencios mal callados y las palabras mal usadas.
Ya no te quiero.
Porque estoy cansada de tus expectativas y temores.
Te digo adiós.
Ya no te quiero.
Porque me estanco en el pálpito infundado.
Te digo adiós.
Ya no te quiero.
Porque me llevas al sufrimiento.
Te digo adiós.
Ya no te quiero.
Porque voluntad no significa control.
Te digo adiós.
Ya no te quiero.
Porque no soy víctima, y puedo respirar.
Te digo adiós.
Ya no te quiero.
Porque simplemente, tus ideas no están pasando.
Te digo adiós.
Porque hoy te externalizo y te digo adiós.

sábado, 3 de septiembre de 2016

el último verso siempre es un final abierto (+)

Aguantar tiene su límite.
El silencio, el ruido, la distancia y el optimismo.

Por donde mirar el vaso se vuelve un desafío.
Un mal rato.

Cuánto puedo hacer y cuánto no.
Cuánto he hecho y cuánto he olvidado.
Cuánto culpo y cuánto acepto.
Cuánto quiero y cuánto no.

Que alguien lo diga.
Basta de víctimas, basta de ocultar, basta de no hacerse cargo.
¿Cuánto nos posicionamos en esos lugares?
¿Cómo saber si nos corresponde?

Dualidad
Tengo que hacerlo, es mi responsabilidad.
No me corresponde, tengo que aceptar sin juzgar.

Apagarse, no poder descifrar la emoción.
Querer parar y desconectar, olvidar.
Temor a apagarse, necesidad de resolver lo que adentro habita.

Convertirse en una carga, como las que cargo,
Admitir que esa es la idea que enloquece.
Volver a querer desaparecer.

Estos no eran los planes que tenía para mi.
Aprender es agotador, no me feliciten.
Enséñenme a dormir, aunque no pueda.

Estar sintiéndome así, mi mayor miedo.
Aceptar mi sombra, mi mayor desafío.

lunes, 19 de octubre de 2015

el reto más grande

Me toca guardar la capa de superhéroe.
Capa que llevo planchando hace mucho, porque es mucho lo que veo y sueño.
Pero es poco lo que puedo, más bien, debo.
Y es allí cuando la propia capa empieza a tirar, empieza a molestar, empieza a dañar.
Es allí cuando quiere salir volando, como queriendo escapar de mi espalda, como queriendo dejarme a un lado.

Se abre un mundo de posibilidades, pero asusta el hecho de no sentir más el peso.
No es que no quiera, es que es raro. Es casi un proceso de duelo.
Pero de la crisis es el cambio, pronuncio, y cuesta.
No es resignación, es aceptación (vuelvo a pronunciar), y cuesta.

Y me siento pequeña sin ella.
Y quiero sentir que no la necesito para sentirme grande.
Y me siento frágil, y eso no tiene porqué ser malo.
Y necesito un abrazo, no una capa.

Un aprendizaje viene como es de costumbre en cada desafío.
Esta vez tengo que aprender nuevas pautas, nuevas formas.
Debo experimentar, de a poco, porque es mucho lo que veo y sueño.
Debo equilibrar, porque por más que guarde la capa, no desaparecerá.

Si estas letras pudiesen sentir, sabrían lo que cuesta.
Pero ahí está, la capa animándome y pidiéndome que esta vez lo haga por mi.