Hoy narraré en primera persona, porque este es mi viaje.
No he hecho más que viajar, descubrir y hasta naufragar.
Y es hora de recordar que las cadenas se tienen que quebrar,
cadenas del alma que te atan a momentos, personas, miedos, lugares y cuánto más.
Debo mi vida a esta vida,
a mi propio mapa, trazado.
Fuerza y delicadeza, aún sigo aquí.
Estoy para ti, pero no como quieres que esté.
Y no me ataré, no me irritaré.
Sin cadenas, sonriendo o llorando, seguiré.
Gracias pero no.
"No" igual de valioso que un "Sí".
Variando rumbos con esas sílabas me encontrarán.
Parece que nos topamos con caminos conocidos,
que comparten huellas y senderos con otros ya "recorridos".
Tal vez sea el mismo, cambiado por el agua y el viento.
Tal vez sea el mismo, cambiados nosotros pero siendo los mismos.
Ya no sé si creer en las casualidades,
y cada vez más me asusta pensar en ellas como desafíos.
Puestos una y otra vez por la vida, o lo que sea.
Y aquella incertidumbre se asoma.
Y ya cuando las palabras dejan de rimar, me pregunto.
Algunas madrugadas pienso que existen dudas que no queremos ver.
Que nos aferramos, quien sabe a qué.
Que nos engañamos, quien sabe por qué.
En realidad sí sabemos.
Nos aferramos al control y nos engañamos por el temor.
Y es que a la vez, no sabemos que hay después.
Tal vez nos aclaremos, tal vez no.
Pero ahí están, las ganas de conseguirlo, de no dejar el brazo torcer aunque en realidad ya lo estemos haciendo.
Ahí estamos, caminando por las dudas.
Por las aventuras.
Por los desafíos.
Por los aprendizajes.
Por el miedo y el coraje.
Pienso que, lo importante al final, es que estamos.
domingo, 7 de junio de 2015
¿Y qué más queda?
Agradecer.
Agradecida estoy, de cada sonrisa, de cada linda declaración. Agradezco el cariño, todo.
Incluso aquél del que huyo, de aquél al que juzgo, de aquél que aún no descubro.
Agradezco su tiempo y no tiempo. Agradezco el cruce de caminos: 20 años, 10 años, 5 años, 1 año, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos.
Agradezco las experiencias, los momentos. Y por más difícil que sea, agradezco aquellos no tan gratos, que me llevan a valorar los muy gratos, que me llevan a detenerme y mirar, que me llevan a desafiarme y aprender.
A la vuelta de la esquina está el cambio, está el amor.
En cada paso está el otro, está uno.
Nos mueve la transformación, no nos para la destrucción.
El corazón late, se rompe, pero siempre vuelve a latir.
Nos encontramos pulsando en cada rincón, conectando con millones de emociones que pulsan en otro rincón.
Formando parte de algo inmenso e ínfimo a la vez. Estando, aún sin saberlo.
Hoy es un día más, un segundo de tiempo más en donde las emociones fluyen,
donde intentar encontrar palabras y plasmarlas en frases virtuales se vuelve un desafío.
Hoy es un día más de esos días que me siento ínfima e inmensa a la vez, parte de todos a pesar de las distancias.
Soy aquello que detesto, aquello por lo que lucho, aquellas lágrimas y risas, aquellas omisiones, aquellas miradas externas, aquél niño bailando en la selva, aquella anciana recordando la guerra y aquellos sueños que en la noche fluyen rompiendo todas las barreras.
Estas letras son el intento de semanas de agradecimiento, de la búsqueda de una mirada, de la sanación de un corazón roto, de las ganas de seguir en movimiento, del deseo de conocer y abrazar las historias que han marcado nuestra tierra, del miedo al olvido, de la esperanza en cada latido.
Emociones me recuerdan que vivo, que giro en espiral, que no todo es para entender. Le recuerdan a mi cuerpo que está vivo, que hay cosas que duelen, otras que enerven, y muchas que hacen vibrar cada rincón del ser.
Y las explicaciones quedan cortas, cuando cuenta te das que al final, todos nos componemos de lo mismo y todos tenemos derecho a vivir nuestras emociones. ¿Y qué hay del apego? hermoso vínculo en la vida, doloroso cuando se pierde. ¿Y quién soy para atar? Soy todo aquello que no puedo llamar mio, ¡como le cuesta entender al ego!.
Al final, en la ambivalencia emocional, no queda más que aceptar, que agradecer y seguir el camino, confiando y sin apurarse. Quiero aceptar (que no es lo mismo que rendirse) y dejar ir aquello que hiere, aquello que aún no se desprende del corazón. Quiero confiar (que no es lo mismo que dejarse pisar) y dejar que entre todo lo que sana, aquello que no se clavará en el corazón pero sí lo mimará.
No puedo odiar a quien decide amar. No puedo odiar a quien no ama, y menos al que no me ama. Pero vaya que duele cuando no hay reciprocidad, y es eso lo que cuesta aceptar.
Pero de algo estoy segura, y es que todo tope de caminos entrega aprendizajes, entrega emociones, entrega vida. Y de otra cosa estoy segura, y es que tengo el infinito temor de no haber aportado a los otros en los topes de caminos: temo olvidar y temo que me olviden.
¿Será que en el temor habrá amor?.
Ho'oponopono: lo siento (acepto), perdóname (espero entiendas), gracias (por todo lo entregado), te amo (como ser que eres), te dejo ir y me permito continuar.