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domingo, 2 de octubre de 2016

Espirales y Ciclos

Hoy hago una pausa.
Hoy respiro y suelto.
Dejo que el sol me vuelva a inundar.
Dejo a mis temores conversar,
sin juicios, sin peros, con aceptación y cariño.

Permito lágrimas de tranquilidad y liviandad.
Me dejo abrazar por todos los que me ven,
los que me muestran aun cuando no me permito ver.
Y aquí estoy, me veo.

Me acepto y me quiero.
Me felicito por tanto y me animo a seguir.
Me dejo caer cuando sea necesario y me ayudo a crecer.
Me respeto y admiro.
Me vivo para vivir.

Me entrego al amor y a la esperanza del hoy.
Recobro la energía para terminar lo empezado y animarme a lo inesperado.
Respeto la pausa, la nada y el silencio.
No juzgo los miedos, pero los suelto y agradezco,
y es que en alguna parte de ellos aprendí, buen viaje.

Dejo la pausa y vuelo al otro movimiento.

viernes, 4 de marzo de 2016

me quedé sin frenos

Se está arriba y luego se baja.
¿Quién no lo sabe? Dirán.

Pero no está de más volverlo a vivir.
No es que no crea que no se avanza, al contrario.
Oscilamos, pero cuesta arriba.

Una especie de subir y bajar sin dejar de subir por más que el descenso sea profundo.
Y a través de las colinas vamos caminando, tropezando y saltando.
Vamos equilibrando y reconociendo el valor de cada momento.


El valor de este fastidio ahora mismo.
Fastidio personal de haberme sentido flotando hasta descender y encontrarme con mi propio fastidio.
Y que rico es sentirlo, pues me recuerda porqué quiero seguir escalando.

lunes, 19 de octubre de 2015

el reto más grande

Me toca guardar la capa de superhéroe.
Capa que llevo planchando hace mucho, porque es mucho lo que veo y sueño.
Pero es poco lo que puedo, más bien, debo.
Y es allí cuando la propia capa empieza a tirar, empieza a molestar, empieza a dañar.
Es allí cuando quiere salir volando, como queriendo escapar de mi espalda, como queriendo dejarme a un lado.

Se abre un mundo de posibilidades, pero asusta el hecho de no sentir más el peso.
No es que no quiera, es que es raro. Es casi un proceso de duelo.
Pero de la crisis es el cambio, pronuncio, y cuesta.
No es resignación, es aceptación (vuelvo a pronunciar), y cuesta.

Y me siento pequeña sin ella.
Y quiero sentir que no la necesito para sentirme grande.
Y me siento frágil, y eso no tiene porqué ser malo.
Y necesito un abrazo, no una capa.

Un aprendizaje viene como es de costumbre en cada desafío.
Esta vez tengo que aprender nuevas pautas, nuevas formas.
Debo experimentar, de a poco, porque es mucho lo que veo y sueño.
Debo equilibrar, porque por más que guarde la capa, no desaparecerá.

Si estas letras pudiesen sentir, sabrían lo que cuesta.
Pero ahí está, la capa animándome y pidiéndome que esta vez lo haga por mi.