Hoy hago una pausa.
Hoy respiro y suelto.
Dejo que el sol me vuelva a inundar.
Dejo a mis temores conversar,
sin juicios, sin peros, con aceptación y cariño.
Permito lágrimas de tranquilidad y liviandad.
Me dejo abrazar por todos los que me ven,
los que me muestran aun cuando no me permito ver.
Y aquí estoy, me veo.
Me acepto y me quiero.
Me felicito por tanto y me animo a seguir.
Me dejo caer cuando sea necesario y me ayudo a crecer.
Me respeto y admiro.
Me vivo para vivir.
Me entrego al amor y a la esperanza del hoy.
Recobro la energía para terminar lo empezado y animarme a lo inesperado.
Respeto la pausa, la nada y el silencio.
No juzgo los miedos, pero los suelto y agradezco,
y es que en alguna parte de ellos aprendí, buen viaje.
En busca de un lugar.
Respirar, caminar y amar.
Todos buscamos nuestro lugar.
Me llaman desde muchos lugares y no sé que contestar.
Andar buscando armar un rompecabezas donde se pueda todo encajar.
Andar intentando conciliar las emociones internas de cada lugar.
Y uno se engaña.
Se está en todas partes y a la vez en ninguna realmente.
Se está sin estar el propio lugar.
Debate de toda una vida que debe encontrar solución.
No verdad o mentira, una respuesta simplemente.
El modo de hallar(se) lugar.
Menos currículum, más experiencias.
Menos palabras, más silencios.
Menos marchar, más pausar.
Menos dirigir, más recibir.
Menos ego, más corazón.
Más caminar sin saber que encontrar, sin que el alma exija. Esa es la mejor forma de entregar. Observando, sonriendo, mirando a los ojos en silencio.
Descubrir que no necesitamos nada a cambio, que la entrega es sólo entrega libre y sin dueño, que el sentido es quien guía sin alardear su llegada.
La semilla trascenderá algún día, lejos o cerca de su agricultor, regalando una flor donde se encuentre. Su campo será el más fértil pero no el más floreado. Ve florecer los otros campos y así florece su corazón.
Hoy narraré en primera persona, porque este es mi viaje.
No he hecho más que viajar, descubrir y hasta naufragar.
Y es hora de recordar que las cadenas se tienen que quebrar,
cadenas del alma que te atan a momentos, personas, miedos, lugares y cuánto más.
Debo mi vida a esta vida,
a mi propio mapa, trazado.
Fuerza y delicadeza, aún sigo aquí.
Estoy para ti, pero no como quieres que esté.
Y no me ataré, no me irritaré.
Sin cadenas, sonriendo o llorando, seguiré.
Gracias pero no.
"No" igual de valioso que un "Sí".
Variando rumbos con esas sílabas me encontrarán.
Se está arriba y luego se baja.
¿Quién no lo sabe? Dirán.
Pero no está de más volverlo a vivir.
No es que no crea que no se avanza, al contrario.
Oscilamos, pero cuesta arriba.
Una especie de subir y bajar sin dejar de subir por más que el descenso sea profundo.
Y a través de las colinas vamos caminando, tropezando y saltando.
Vamos equilibrando y reconociendo el valor de cada momento.
El valor de este fastidio ahora mismo.
Fastidio personal de haberme sentido flotando hasta descender y encontrarme con mi propio fastidio.
Y que rico es sentirlo, pues me recuerda porqué quiero seguir escalando.
Algunas madrugadas pienso que existen dudas que no queremos ver.
Que nos aferramos, quien sabe a qué.
Que nos engañamos, quien sabe por qué.
En realidad sí sabemos.
Nos aferramos al control y nos engañamos por el temor.
Y es que a la vez, no sabemos que hay después.
Tal vez nos aclaremos, tal vez no.
Pero ahí están, las ganas de conseguirlo, de no dejar el brazo torcer aunque en realidad ya lo estemos haciendo.
Ahí estamos, caminando por las dudas.
Por las aventuras.
Por los desafíos.
Por los aprendizajes.
Por el miedo y el coraje.
Pienso que, lo importante al final, es que estamos.
Emociones me recuerdan que vivo, que giro en espiral, que no todo es para entender. Le recuerdan a mi cuerpo que está vivo, que hay cosas que duelen, otras que enerven, y muchas que hacen vibrar cada rincón del ser.
Y las explicaciones quedan cortas, cuando cuenta te das que al final, todos nos componemos de lo mismo y todos tenemos derecho a vivir nuestras emociones. ¿Y qué hay del apego? hermoso vínculo en la vida, doloroso cuando se pierde. ¿Y quién soy para atar? Soy todo aquello que no puedo llamar mio, ¡como le cuesta entender al ego!.
Al final, en la ambivalencia emocional, no queda más que aceptar, que agradecer y seguir el camino, confiando y sin apurarse. Quiero aceptar (que no es lo mismo que rendirse) y dejar ir aquello que hiere, aquello que aún no se desprende del corazón. Quiero confiar (que no es lo mismo que dejarse pisar) y dejar que entre todo lo que sana, aquello que no se clavará en el corazón pero sí lo mimará.
No puedo odiar a quien decide amar. No puedo odiar a quien no ama, y menos al que no me ama. Pero vaya que duele cuando no hay reciprocidad, y es eso lo que cuesta aceptar.
Pero de algo estoy segura, y es que todo tope de caminos entrega aprendizajes, entrega emociones, entrega vida. Y de otra cosa estoy segura, y es que tengo el infinito temor de no haber aportado a los otros en los topes de caminos: temo olvidar y temo que me olviden.
¿Será que en el temor habrá amor?.
Ho'oponopono: lo siento (acepto), perdóname (espero entiendas), gracias (por todo lo entregado), te amo (como ser que eres), te dejo ir y me permito continuar.
La idea es mirar, mirarse.
La idea es volver hacia uno, esperando por aquella respuesta.
La idea es que sonrías, a ti mismo,
que no te avergüences, que no te desilusiones.
Que confíes en todo aquello que has hecho,
y poder dormir tranquilo en cualquier noche de invierno.
La idea no es ser perfecto, no.
La idea es hacer de los errores la oportunidad perfecta.
La idea es crecer, contigo mismo,
es creer en ti, es dar lo mejor de si.
Que no calles lo que mueres por decir,
que no te pases a llevar, que una máscara no se apodere de ti.
La idea es llevar la teoría a la práctica. Es releer, pero en primera persona, esta vez.